"No se preocupe por lo que otros piensen de usted. Están demasiado ocupados preocupándose por lo que usted piensa de ellos"Arthur Bloch.
Hace ya unos cuantos años, tanto que ni me que acuerdo, que me regalaron la Ley de Murphy. Fue entonces cuando descubrí que Murphy no había postulado ninguna ley, que en realidad todo era obra de Arthur Bloch, uno, entre tantos escritores de obras para leer en pequeñas dosis pero que no se había convertido en famoso por sí mismo sino que su personaje, uno que solo da nombre al libro, era el que había acaparado toda la fama.
Con el tiempo, algunos de sus postulados, teoremas y corolarios, acaban formando parte de la cultura popular de forma que siempre hay quien lo cita como parte del estudio que vete a saber que universidad ha realizado.
No son citas en el más puro sentido de la palabra, nacieron para ser escritas como tales, pero en su mayoría pertenecen a lo que podríamos catalogar como verdades de perogrullo. En cualquier caso son afirmaciones que compartimos en muchas ocasiones de nuestra vida, pero que por lo general pasan desapercibidas hasta que al leerlas nos damos cuenta de su veracidad, sino absoluta, al menos sí relativa al momento en el que leerlas nos hace recapacitar sobre las mismas.
En esta, Edelstein, nos recuerda que aunque cada uno de nosotros somos el centro de nuestro universo, pues toda posición y movimiento están determinados por un sistema de referencia y cada persona se pone a sí misma como centro de su sistema de referencia, resulta que la persona que tenemos a nuestro lado tiene un sistema de referencia parecido por proximidad, pero que es diferente del nuestro.
Dicho de otro modo, por mucho que queramos pensar que somos parte de un todo, todo el mundo va a su bola, y como dijo un conocido hace poco, lo que más le preocupa a cada uno es su ombligo, (centro del sistema de referencia), y lo de los demás, importa... pero menos.