sábado, noviembre 22, 2014

La burbuja de vacío.

Ayer ví un programa en el que se analizaba el fenómeno de las tiendas baratas de ropa, (Equipo de investigación. La sexta) me llamó la atención que hubieran empresas que vendieran ropa a precio mucho más barato de lo habitual y que se hubieran establecido incluso indicando que la ropa se fabricaba en España. Por el parecer el etiquetado no está normalizado, de forma que no ocurre nada por poner en la etiqueta que está fabricado en un lugar cuando en realidad se produce en otro. Un gran sistema para que potenciales compradores se inclinen por esa prenda o marca pensando que dan trabajo a algún compatriota y que evitan la explotación de algún asiático anónimo en Bangladesh.

La ropa, no obstante no venía de Bangladesh, mucha provenía de Marruecos y en el mismo reportaje se veía que habían empresas nacionales que empezaban a producir con los mismos principios de explotación. La precariedad del trabajo o peor aún, la ausencia del mismo convierte a los potenciales trabajadores en exclavos, siempre será mejor trabajar 14 horas al día por un sueldo de mierda, que no tener ni mierda para comer. Algo que por cierto, no es la primera vez que ocurre y que era bastante común en la revolución industrial, donde curiosamente fue también el textil el sector más afectado aunque entonces la masa laboral provenía del campo donde las máquinas les habían sustituido.

De aquella nacieron sin saberlo las burbujas de las que tanto se hablan en la actualidad. No se a quien se le ocurrió la idea de llamarlas así, quizás se debió a su naturaleza trasparente por lo que nadie se percata de que se encuentra dentro de una de ellas, una vez en el interior no se percibe que se está hinchando y su frágil estructura es fácilmente asociable a su explosión. Donde había una gran burbuja, ahora no hay nada.

La economía es en sí misma una gran burbuja, ya he descrito en otras ocasiones como se va produciendo dinero virtual, si fuera real al explotar la burbuja aparecería dinero por todas partes, pero no, es virtual, y la burbuja estalla sin dejar rastro, como si de una maniobra de prestidigitador se tratase, ahora hay, ahora no, y solo percibimos la humedad jabonosa de lo que queda de la burbuja.

La bolsa en la que intervienen los mercados es una burbuja, lleva mucho tiempo como tal y quizás por ello han sido más comedidos con su definición, han prefirido una bolsa que una burbuja, como tal, la bolsa no explota, se llena y se vuelve a vaciar como si de un pulmón de plástico se tratase aunque en su componente económico es más bien parecida a una burbuja en el mismo sentido de pompa de jabón que tarde o temprano acabará explotando.

La elección del término es cuanto menos curiosa, burbujas que se comportan como pompas de jabón y que al final acaban derivando en pompas más bien fúnebres.

En cualquier caso siempre se habla del mismo mecanismo, se trata de algo que explota después de hincharlo desmedidamente.

En el programa que citaba, una empresaria se lamentaba de que iba a tener que cerrar porque los costes de producción eran superiores a los beneficios. La única salida era la de producir clandestinamente, explotando al trabajador al que se le pagaba sueldos ínfimos por jornadas maratonianas. Podían ser extranjeros que eran los que a priori iban a aceptar menores sueldos pero también nacionales, pues la falta de recursos equilibra el mercado hasta el punto en que se volverá a trabajar por el derecho a poder comer... y no mucho.

Es una burbuja económica, en la que se pretende que produzca beneficios, que crezca, y al mismo tiempo se le quita el aire pagando menos al trabajador que lo produce. Una burbuja de vacío, que al final acabará explotando por implosión.

Las ventas aumentan, sí, porque efectivamente producen barato y venden barato por lo que aún existe una masa que es capaz de comprar dichos productos. Sin embargo los ingresos del estado no aumentan porque la naturaleza clandestina de la producción no paga impuestos, los trabajadores no cotizan por lo que no se generan fondos con los que pagar jubilaciones aunque ya se trata de trabajadores que no llegarán a tener el derecho de cobrarlas.

Por tanto la producción va a quedar relegada a dos modelos distintos de producción, aquel en la que las máquinas lo producen todo y que por tanto no generan empleo, y el otro en el que sustituyen las máquinas por personas que cuestan menos que las máquinas.

Sin embargo la producción es un paso anterior a su comercialización y el gran problema de la comercialización estriba en que se precisa un consumo de aquello que se produce, ¿quién compra lo que se produce?

Los precios bajan en la medida en que bajan los costes de producción y estos no pueden bajar indefinidamente. Se podría pensar que es difícil pagar menos que no pagar, pero ya se da. Los alumnos del máster de periodismo que se imparte en el ABC, pagan por hacer dicho máster, y si sus prácticas tienen calidad suficiente, su trabajo puede verse publicado en el periódico, habrán pagado por el trabajo que otro no ha cobrado por hacer. Lo hacen con la esperanza de ocupar un puesto en el periódico y evidentemente no se trata de nadie que pase hambre y no les dan a pagar con un bocadillo, pero está asumido que aquellos que consigan un puesto en el periódico cobrarán menos que aquel al que sustituyen por jubilación o retiro. Se trata de la redacción más joven del país y no me cabe duda que la optimización de los salarios (a la baja) es uno de los motivos del hecho. ¿Donde está el límite?, no lo saben ni ellos pues a pesar de todo siguen considerando que la empresa no es rentable.

La globalización hace que las empresas muevan sus fábricas a los lugares en los que se fabrica más barato para vender donde su producto resulte más caro. Sin embargo es una práctica que se ha extendido a casi todos los sectores, la prensa tiene el problema de que los reporteros de Bangladesh no dan noticias interesantes para el público de Madrid por lo que el precio de un periódico encuentra antes el límite por debajo del cual no resulta rentable producirlo, no voy a entrar hoy en la tesitura papel versus digital, pero independientemente del formato nos encontramos con que ya vivimos en un lugar en el que la perdida de poder adquisitivo hace que haya productos que ya no se puedan vender.

Supongamos que Zara vende solo en España, sabemos que no es cierto y que por ello es una de las grandes empresas mundiales en materia Textil pero me sirve para exponer la situación. Al trasladar la producción a terceros países bajó el precio de producción, pero la venta en esos países era insignificante al lado de la producción pues la renta disponible era muy baja. Para poder vender allí tenía que hacerlo mucho más barato y por tanto reduciendo el beneficio. Mientras la renta disponible del español es superior a la de ese país, la venta cruzada sigue siendo rentable. Pero no es la única empresa que lo hace, así que en bloque se van trasladando todas para no perder la guerra del beneficio. La migración de las empresas generó un paro galopante por lo que la renta disponible baja considerablemente. La capacidad de compra disminuye y con esta la demanda. Como si solo vendieran en España, el gobierno de turno se convenció, o le convencieron, de que con una reforma laboral se podrían bajar los costes laborales para volver a producir en el país y ahora no paran de decir que efectivamente hay una recuperación de la economía.

Sin embargo esta recuperación está hipotecada con la pérdida de poder adquisitivo por lo que la producción se dirige a terceros países, el empresario gana, el trabajador no.

Cuando las empresas producen en China para vender en Europa, hay otras que pueden vender en China más barato y sacar beneficios. A fin de cuentas se come y se viste en todo el mundo. Como en España se empieza a vivir con el poder adquisitivo de China, las únicas empresas que pueden vender aquí son las que producen como se produce y se vende allí. Las marcas, por el mero hecho de serlo, han dejado de tener valor, si se pondera la calidad/precio y su durabilidad, lo bueno y lo caro ya no es necesariamente lo mismo y la falta de crédito hace que solo se pueda comprar lo barato, bueno o no.

Las grandes marcas nos enseñaron que podíamos perder el trabajo para que un chino ganando mucho menos hiciera el producto que después nos querían seguir vendiendo. Puede que haya mucha gente que aún lo pueda comprar pero las tiendas digitales están disponibles para casi todos, así que ahora podemos comprar la ropa que compra el chino que gana menos, sobre todo ahora que ganamos tanto como ese chino, vietnamita o marroquí. Porque no nos confundamos, aunque las estadísticas digan que seguimos ganando más que ellos, lo cierto es que el coste de todos los servicios es también mucho más elevado por lo que nuestra calidad de vida se va acercando a la suya tanto como la suya se acerca a la nuestra, lo cual no significa que ninguna de las dos suban en absoluto.

Producir fuera porque es más barato y no comprar dentro por la misma razón, disminuye por partida doble los ingresos del país y por tanto los recursos para pagar a los funcionarios del mismo. Se les paga menos y se contrata menos personal, el caldo de cultivo perfecto para que la economía sumergida pueda campar a sus anchas. Menos inspecciones de trabajo y con mayor incidencia de corrupción pues al cobrar menos ese inspector es más proclive a recibir sobornos.

En conclusión el estado pierde el poder y lo intenta solucionar aumentando la presión fiscal, pero esta solo consigue que quiebren más empresas y que se apunten al lado oscuro que es mucho más rentable. El descontento social aumenta de forma paralela y cualquier opción es vista como alternativa. La burbuja está a punto de explotar, pero esta vez hacia adentro y no voy a entrar en las consecuencias, todo ciclo da la vuelta para acabar pareciendose a como era antes de empezar, a como acabó el anterior. Por supuesto, no siempre es igual, a veces es peor.