No, este post no trata sobre espíritus que han decidido quedarse en este mundo en lugar de simplemente desaparecer con la carcasa que los mantenía.

En su lugar voy a hablar de otros fantasmas, esos que nos persiguen durante toda una vida y representan lo que hicimos, lo que no hicimos y lo que nos gustaría haber hecho. Por lo general, cuando se trata de personas, nos estamos refiriendo a ese amor platónico que pudo saber o no que lo era y es rara la persona que no tiene alguno de estos fantasmas. La oportunidad es vital en estos casos y por lo general la falta de la misma hace que no nos volvamos a encontrar con ellos y aunque ocasionalmente se piense en las decisiones que los convirtieron en lo que son, no suelen turbar nuestros pensamientos.
El problema viene cuando se entra en una rutina en la que se vuelve la vista al pasado y se descubre que esos fantasmas del pasado son personas del presente que a su vez pueden vivir enganchados a otros fantasmas que a su vez lo son de otros y así hasta que nos encontramos con el primero de ellos y volvemos a empezar.
Por supuesto que esos fantasmas se suelen diluir con el tiempo, pero solo si ha pasado suficiente tiempo... ¿pero cuanto tiempo es suficiente tiempo? Pues no hay una respuesta concisa para ello, podría decir que veinte años o que cuatro meses son suficientes pero en realidad los fantasmas son por definición etéreos e intemporales, son como una niebla difusa que de repente vuelve a formar esa nube que tiene la forma que nos recuerda la persona que fue ese fantasma antes de serlo.
Al final, la única opción es encontrarse de nuevo con esos fantasmas, ahora en su forma humana actual y quitarles la categoría fantasmal que tienen para comprobar si efectivamente quedaba alguna razón por la cual seguir reservando los sentimientos más profundos.
Si sin embargo no nos encontramos con esos fantasmas podemos esperar a que simplemente se desvanezcan con el consiguiente riesgo de que vuelvan a aparecer a la mínima canción que nos los invoque.
Mi recomendación... lo siento, no hay recomendación, cada uno tiene sus propios fantasmas, con más o menos antigüedad, pero fantasmas a fin de cuentas. Propondría ir a la caza del fantasma, buscarlo y convertirlo en la persona que en realidad es y así poder decidir y evitar que otros se conviertan en fantasmas solo por haber buscado y cazado al fantasma equivocado.
El problema viene cuando se entra en una rutina en la que se vuelve la vista al pasado y se descubre que esos fantasmas del pasado son personas del presente que a su vez pueden vivir enganchados a otros fantasmas que a su vez lo son de otros y así hasta que nos encontramos con el primero de ellos y volvemos a empezar.
Por supuesto que esos fantasmas se suelen diluir con el tiempo, pero solo si ha pasado suficiente tiempo... ¿pero cuanto tiempo es suficiente tiempo? Pues no hay una respuesta concisa para ello, podría decir que veinte años o que cuatro meses son suficientes pero en realidad los fantasmas son por definición etéreos e intemporales, son como una niebla difusa que de repente vuelve a formar esa nube que tiene la forma que nos recuerda la persona que fue ese fantasma antes de serlo.
Al final, la única opción es encontrarse de nuevo con esos fantasmas, ahora en su forma humana actual y quitarles la categoría fantasmal que tienen para comprobar si efectivamente quedaba alguna razón por la cual seguir reservando los sentimientos más profundos.
Si sin embargo no nos encontramos con esos fantasmas podemos esperar a que simplemente se desvanezcan con el consiguiente riesgo de que vuelvan a aparecer a la mínima canción que nos los invoque.
Mi recomendación... lo siento, no hay recomendación, cada uno tiene sus propios fantasmas, con más o menos antigüedad, pero fantasmas a fin de cuentas. Propondría ir a la caza del fantasma, buscarlo y convertirlo en la persona que en realidad es y así poder decidir y evitar que otros se conviertan en fantasmas solo por haber buscado y cazado al fantasma equivocado.