viernes, octubre 03, 2014

Los Juegos del recreo.

No hace mucho que en un programa de radio de esos que escucho en el coche invitaron a sus oyentes a comentar en twitter sobre aquellos juegos de patio que practicaban en el colegio.

A la vista, aunque quizás debería decir al oido, de lo que pude escuchar llegué a la conclusión de que empiezo a encontrarme en la categoría de los que tienen más recuerdos por recordar, que por producir. No solo eso, sino que los recuerdos que entran en la primera categoría empiezan a entrar en la leyenda de lo que otros cuentan.

Uno de los juegos mencionados fue el churro, mediamanga, mangotero. La locutora desconocía el juego o su mecánica y el locutor basó su respuesta en lo que encontró en internet. Seguramente le bastaba preguntar a su padre o a su hermano mayor. Si yo hubiera tenido que jugar en base a sus instrucciones, no habría sido capaz de ni tan siquiera empezar el juego.

En mi colegio, era solo "churro va" y ahora me resulta curioso que aquella sucesión de culo-cabeza-culo no se considerase inapropiada en un colegio concertado religioso. Recuerdo que el equipo saltador seleccionaba su victima, (al tercero...) y todos iban saltando uno tras otro por encima del resto para forzar una escoliosis futura al pobre desgraciado sobre el que se caía. Los últimos, debían saltar más altura, y el último, una vez saltado, si no se caía ninguno daba la frase de cambio de turno poniendo los brazos en churro (mano sobre mano), mediamanga  (sobre la mitad del brazo) y mangotero (en el corte de manga), si acertaba el capitán del equipo humillado se cambiaban las tornas, así como si se caía alguno de los saltadores. Si fallaba, o se hundía la estructura, cosa bastante habitual, volvían a saltar los mismos.

El fútbol masa era el deporte estrella, nuestro colegio tenía un campo de futbol sobre piedras que permitía que varias clases pudieran jugar a un tiempo, todos contra todos, y con más de un balón llegado el caso. Jugaba septimo contra octavo o los buenos contra los malos... a mi siempre me tocaba jugar en el de los malos. La selección por oro plata y media zapatilla hecha por los capitanes de los equipos se reservaba para los partidos en los que no había demasiada gente y el último nunca se le escogía por lo que decidía por libre en que equipo jugar, total, no se iba a notar la diferencia.

Otros jugaban a tirar una pelota o lata, da igual, y perseguirla dando patadas a quien estuviera cerca de ella, a veces uno se posicionaba de tal forma que nadie se atrevía a acercarse y la lanzaba al lugar en el que hubiera más gente para que recibieran más patadas. No recuerdo el nombre de este.

El lanzamiento de piedras a la banda rival era bastante practicada en mi colegio. No necesita instrucciones, coger, lanzar, esquivar y disimular cuando aparecía el profesor o se le abría una brecha a algún niño.

Cualquier sitio era bueno para jugar a las canicas, pero o tenías dinero para comprarlas o eras bueno jugando, yo no era ni lo uno ni lo otro por lo que miraba más que jugaba así que lo chivas, pies, tute y guas eran más teoría que otra cosa. Como mucho pasaba que alguien quería usar mi pié, más grande que otros, para invalidar un pies por que no cabía entre las canicas.

En la zona húmeda jugábamos a "campo tierra" con un clavo, destornillador o navaja que se lanzaba a la mitad de un terreno delimitado de forma que se le iba quitando terreno al contrario siempre que desde tu terreno fueras capaz de trazar la secante que lo cortase antes de caer al suelo haciendolo. Me imagino que era el juego menos atractivo para las madres que no creo que entendieran de que modo se habían manchado tanto con barro en aquel patio.

Las modas llegaban igual que ahora, peonzas, aviones de papel y monopatines sancheski llenaban el patio de cuando en cuando,  pero explicarle a un niño de hoy que no había nada que funcionase con electricidad, seguramente puede hacer que parezca que le están hablando de una época justo posterior a la de los dinosaurios.

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