lunes, octubre 13, 2014

La justicia prohibida.

Ya hace dos años que entraron en vigor las tasas judiciales que hacen que la clase media no tenga acceso a la justicia. En su día me pareció una aberración, y hoy  me he convertido en uno más a los que la justicia niega su derecho a tener justicia.

Resulta que un ayuntamiento me solicita que le pague el impuesto de circulación de dos años en los que estuve empadronado en otro ayuntamiento donde sí pagué dicho impuesto, y de hecho lo había pagado ya el año anterior cuando tuve que presentar el recibo de haberlo pagado para poder rehabilitar el coche que hacía 9 años que había dado de baja no solo del ayuntamiento anterior sino de toda circulación por España.



Con el recibo, que es una notificación de embargo, me reclaman a su vez unas facturas de 2006 que yo creía tener pagadas pero que en ningún momento se han molestado en comunicarme en ningún domicilio fiscal, pues aunque he estado en el extranjero, en todo momento he estado localizado para la administración española pues no he dejado de pagar aquí mis impuestos. 

Así que me ha tocado pagar para evitar el embargo y ahora tengo que solicitar que me devuelvan lo que les he pagado pues no procedía. Para lo reciente aún tengo documentación que lo prueba, pero para lo antiguo ya no tengo nada, y aunque es un pago que ha prescrito, me tocará ir a contencioso administrativo para recuperar lo que es mío, aunque para ello, seguramente me toque pagar más en forma de tasas judiciales y abogados que lo que consiga recuperar.

Robar, les sale gratis a los ayuntamientos. Pues aunque la administración pierda el contencioso, nadie resultará expedientado, nadie perderá parte de su salario por su incompetencia y el único que habrá perdido dinero y salud en forma de esa mala leche agriada que se cuaja cuando uno se siente impotente ante lo injustamente con que funciona la justicia de este país. Esa justicia que permite que el ladrón que ha robado hasta la saciedad, juzgado por su delito y encontrado culpable del mismo, no solo no devuelva el dinero robado sino que se permite el lujo de pedir el indulto, vamos, que ni tan siquiera visitará la cárcel.

Pero es lo que tiene la política, roban los concejales de urbanismo, roba el alcalde y se pagan comisiones para que se pueda seguir robando, esas comisiones pagan sobornos y "tasas" del 3% para contratos con la administración que después se hinchan consecuentemente al objeto de amortizar ese porcentaje y mucho más. Nos roban por todas partes y después colocan a sus amigos enchufados en puestos de la administración, en todas las administraciones, también en la local y esos chorizos, no digo que el incompetente que me reclama irregularmente un dinero que ya no tengo que pagar haya sido colocado por un enchufista ladrón, pero la estadística de chorizos metidos a política en este país hace que la probabilidad sea francamente elevada.

¿Cabreado? sí, pero sobre todo indignado, ya no me atrevo a mirar los informativos porque es raro el día en que no sale un nuevo caso de ladronicio que saldrá impune, porque encima nos enteramos de como nos roban, no es un hurto del descuido, es un robo a mano armada, y a pesar de lo que pueda haber bajado el precio del pan, no hay pan para tanto chorizo. Se burlan de todos nosotros y luego se apela a la honradez, esa de la que carecen para pedirnos el voto, para pedirnos permiso para seguir robándonos y que si quisieramos denunciarlos por dicho atraco, tendríamos que pagar por ello, y el dinero acabaría otra vez en las manos de aquellos a los que denunciamos para que puedan seguir viviendo a cuerpo de rey a nuestra costa.


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