martes, febrero 09, 2010

Mil palabras ,o menos, a falta de una imagen.

Hoy, como todos los días, hemos subido al coche las niñas y yo, me he asegurado de que se sentaban en sus sillitas y se ponían el cinturón de seguridad en ese signo que nos acaba distinguiendo de la mayoría de los napolitanos (yo diría que de todos y que los pocos que veo con los niños asegurados se tratan de extranjeros como yo).

Para variar no llovía, lo cual era de agradecer porque hoy he cogido el coche pequeño y cuando entramos en los charcos suele haber algún agujero del que parece imposible salir.

Hemos llegado a un cruce por el carril del centro de tres existentes y un coche que se incorporaba por la derecha al carril de la derecha ha decidido que quería cruzar al tercero por delante de mí.

A mi izquierda iba otro vehículo por lo que no podía esquivarlo y encima se ha parado justo en mi carril... la frenada ha sido de susto pues nos hemos quedado a escasos centímetros que ya podrían ser menos del cruzado.

Las niñas no han salido volando por estar atadas a sus sillas y tuvimos mucha suerte de que no estuviera mojado porque aún así el coche resbalo en el asfalto sin control de dirección (no tiene ABS) mientras la conductora empezaba a soltarme una retahíla de insultos y gestos que siguió realizando un tiempo después de que después de todo se hubiera evitado el accidente.

A sus gritos acabé respondiendo con los míos, pero en realidad solo movía la boca y gesticulaba señalando la vía y los coches mientras seguía sonando alvin y las ardillas dentro del coche.

La imagen era de foto, dos coches cruzados parando el tráfico mientras la señora no paraba de gritar... no sé que decía porque no me molesté en abrir la ventana pero teniendo presente que la culpa del accidente habría sido suya en realidad debería haber estado agradecida, aunque algo me dice que si le hubiera dado el golpe, habría encontrado testigos para girar la situación del accidente y convertir su culpa en mía.

A pesar del subidón de adrenalina me considero afortunado por no haber tenido daños personales y materiales y me pregunto cuántos niños Napolitanos salen volando de los asientos traseros cuando se ven obligados a frenar de urgencia, con o sin golpe.

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